diumenge, 4 d’octubre de 2015

El plan computacional: ¿Una necesidad compensatoria?

Primero me presento. Me llamo Eugènia, y trabajo en una escuela pequeñita de un pueblo de los alrededores de Barcelona.
Hace un año, buscando formación de verano, tropecé con un curso para aprender Scratch e introducir la programación en el aula. Me apunté sin saber muy bien lo que era, pero los objetivos que planteaba la formación eran muy interesantes. Cuando terminé el curso, estaba muy emocionada, porqué había aprendido a crear pequeños videojuegos y a que en la plataforma de Scratch sucediera lo que yo quería con tan solo de unir unos bloques con instrucciones. Me fascinó la idea de aplicarlo en la escuela, porqué solo le veía cosas positivas.



Al empezar el curso 2014-2015, hablé con el equipo directivo del centro, y les propuse empezar a hacer programación con el alumnado de ciclo superior. Aceptaron la propuesta, y me formé un poco más sobre esta plataforma.
Empezamos poquito a poco. Mezclamos el alumnado de quinto y sexto, y lo dividimos en dos grupos, que pasarían por el taller de programación quincenalmente, durante una hora y media.
El alumnado empezó a alucinar. En cada clase, se les planteaba un reto a resolver, y por parejas, pequeños grupos y a veces individualmente buscaban la solución.



¿Por qué os cuento esto? Pues porqué pude ver la evolución que hizo el alumnado en tan solo dos sesiones.
Al principio de cada sesión, el reto que se les planteaba no necesitaba el uso de tecnología, solo órdenes precisas y bien dadas.
Por ejemplo, la primera práctica fue hacer que un compañero fuera de un punto a otro de la clase sin chocar con nada ni nadie.
Al empezar, los niños y niñas hicieron instrucciones muy generales, pero al entender que tenían que ser claros para conseguir su objetivo, éstas empezaron a ser cada vez más precisas y ordenadas.
Para mi fue increíble poder ver la flexibilidad que tenían y la facilidad con que solucionaban los retos. Entre compañeros pactaban posibles soluciones, comprobaban las hipótesis creadas y modificaban las instrucciones si era necesario.


Así pues, creo que es necesario usar el pensamiento computacional y los algoritmos en el aula. Ayudan a estructurar el pensamiento, a ser creativos e imaginativos a la hora de buscar soluciones al problema planteado, a organizar las ideas y a expresarlas de forma clara.

Los robots están presentes en nuestra vida diaria, y no son elementos distantes. Los niños y niñas ven tecnología por todos lados y muchos de sus juguetes tienen pequeños robots dentro. Por lo tanto, es importante que en la escuela nos acerquemos también a la realidad.
Trabajando con robots en el aula, el alumnado puede descubrir muchas cosas, ya que a través del juego están experimentando, observando y manipulando, entre otras cosas. A demás, también se trabajan los valores, la participación , el trabajo cooperativo, el respeto por las aportaciones de los compañeros, etc; y se crea el deseo de aprender activamente.






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